Todo empieza cuando llueve, el alma se te cae al suelo e intentas recoger los trocitos de la tristeza, que se te escapan entre los dedos para derramarse nuevamente, donde caen lenta y pesadamente como mercurio.
Pones música tranquila, melancólica, de ésa que aunque no estés triste te baja el ánimo; te regodeas en tu pena, buscas aún más motivos para deprimirte, miras la lluvia caer y sonríes con pesar. Las notas lentas, esas intensas, se te clavan en el pecho como puñales y sientes cómo tu corazón también sangra esa tristeza espesa.
Pones música tranquila, melancólica, de ésa que aunque no estés triste te baja el ánimo; te regodeas en tu pena, buscas aún más motivos para deprimirte, miras la lluvia caer y sonríes con pesar. Las notas lentas, esas intensas, se te clavan en el pecho como puñales y sientes cómo tu corazón también sangra esa tristeza espesa.
Decides salir, abres la puerta y el viento te golpea junto a miles de gotas que te empapan en un momento y entonces, sólo entonces, te das cuenta de que no te deprimes por gusto, no es sólo porque llueva o haga un día gris horroroso,ni porque escuches música triste, sino porque te sientes sola, no notas el arropo del amor de nadie, sabes que no tienes alguien que diera un mundo por verte sonreír, piensas que nadie te querrá como esperaste que aquel te quisiera, crees que nunca querrás como lo hiciste con él. No ves el futuro sino como un agujero de vacío, oscuro, frío y sin fin.
Y echas a correr hacia el campo, te mojas, hace frío y sólo quieres escapar, huir de la tristeza que te persigue y, en ese momento, caes en un charco justo cuando asoma un rayo de sol.
Sentada en el suelo en medio del agua, dolorida por dentro y por fuera, observas ese suspiro de sol que crea un arco iris entre la lluvia. Entonces piensas en cuánto darías por llegar al final del arco, por verte rodeada de toda esa multitud de colores en vez de por la densa oscuridad que sientes por dentro,
y, entonces, él te sonríe.
Lo has visto, piensas en mañana, en cómo sería con él, miras sus ojos y son diferentes al del otro, aquel por el que sufriste tanto. Te da la mano y te ayuda a levantarte del charco, a pesar de estar empapada y llena de barro, a pesar de tener toda esta tristeza en la mirada, te rescata.
Sentada en el suelo en medio del agua, dolorida por dentro y por fuera, observas ese suspiro de sol que crea un arco iris entre la lluvia. Entonces piensas en cuánto darías por llegar al final del arco, por verte rodeada de toda esa multitud de colores en vez de por la densa oscuridad que sientes por dentro,
y, entonces, él te sonríe.
Lo has visto, piensas en mañana, en cómo sería con él, miras sus ojos y son diferentes al del otro, aquel por el que sufriste tanto. Te da la mano y te ayuda a levantarte del charco, a pesar de estar empapada y llena de barro, a pesar de tener toda esta tristeza en la mirada, te rescata.
Te deja su chaqueta, te lleva a tomar un café, te sonríe mientras te mira a los ojos, se despide con un beso en la mejilla, te da su número, promete llamarte.
Mañana será otro día, piensas; y, de camino a casa, con su chaqueta, cierras los ojos y recuerdas su sonrisa mientras las delicadas gotas que se derraman del arcoiris te bañan de felicidad el rostro.
Mañana será otro día, piensas; y, de camino a casa, con su chaqueta, cierras los ojos y recuerdas su sonrisa mientras las delicadas gotas que se derraman del arcoiris te bañan de felicidad el rostro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario